"Amor y dolor" (El Vampiro), de Edvard MunchDesde la ventana de un casucho viejo
abierto en verano, cerrado en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubios cabellos
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello
y que por la espalda casi roza el suelo.
Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto...
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, sólo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello,
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y ue pasa le deja el recuerdosiempre q
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.
Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo,
la tal salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Pero no ve a todos: ve sólo a uno de ellos;
su seminarista de los ojos negros.
Cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
en vez de sotana, marciales arreos.
Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirle: «¡Te quiero; te quiero! ,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!»
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.
En una lluviosa mañana de invierno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.
Un seminarista sin duda era el muerto,
pues cuatro, llevaban en hombros el féretro
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos,
los seminaristas iban en silencio,
todos en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.
La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
Tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.
Corrieron los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.
Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros.
abierto en verano, cerrado en invierno
por vidrios verdosos y plomos espesos,
una salmantina de rubios cabellos
y ojos que parecen pedazos de cielo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo,
marchan en dos filas pausados y austeros,
sin más nota alegre sobre el traje negro
que la beca roja que ciñe su cuello
y que por la espalda casi roza el suelo.
Un seminarista, entre todos ellos,
marcha siempre erguido, con aire resuelto...
La negra sotana dibuja su cuerpo
gallardo y airoso, flexible y esbelto.
Él, sólo a hurtadillas y con el recelo
de que sus miradas observen los clérigos,
desde que en la calle vislumbra a lo lejos
a la salmantina de rubio cabello,
la mira muy fijo, con mirar intenso.
Y ue pasa le deja el recuerdosiempre q
de aquella mirada de sus ojos negros.
Monótono y tardo va pasando el tiempo
y muere el estío y el otoño luego,
y vienen las tardes plomizas de invierno.
Desde la ventana del casucho viejo
siempre sola y triste; rezando y cosiendo,
la tal salmantina de rubio cabello
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
Pero no ve a todos: ve sólo a uno de ellos;
su seminarista de los ojos negros.
Cada vez que pasa gallardo y esbelto,
observa la niña que pide aquel cuerpo
en vez de sotana, marciales arreos.
Cuando en ella fija sus ojos abiertos
con vivas y audaces miradas de fuego,
parece decirle: «¡Te quiero; te quiero! ,
¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo!
¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero!»
A la niña entonces se le oprime el pecho,
la labor suspende y olvida los rezos,
y ya vive sólo en su pensamiento
el seminarista de los ojos negros.
En una lluviosa mañana de invierno
la niña que alegre saltaba del lecho,
oyó tristes cánticos y fúnebres rezos;
por la angosta calle pasaba un entierro.
Un seminarista sin duda era el muerto,
pues cuatro, llevaban en hombros el féretro
con la beca roja por cima cubierto,
y sobre la beca, el bonete negro.
Con sus voces roncas cantaban los clérigos,
los seminaristas iban en silencio,
todos en dos filas hacia el cementerio
como por las tardes al ir de paseo.
La niña angustiada miraba el cortejo
los conoce a todos a fuerza de verlos...
Tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos...
el seminarista de los ojos negros.
Corrieron los años, pasó mucho tiempo...
y allá en la ventana del casucho viejo,
una pobre anciana de blancos cabellos,
con la tez rugosa y encorvado el cuerpo,
mientras la costura mezcla con el rezo,
ve todas las tardes pasar en silencio
los seminaristas que van de paseo.
La labor suspende, los mira, y al verlos
sus ojos azules ya tristes y muertos
vierten silenciosas lágrimas de hielo.
Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo
del seminarista de los ojos negros.





16 comentarios:
Cada vez que le leo, me provoca sentimientos de nostalgia...
Una belleza de post, gracias
Ro
Sea, sabes, muchas veces pienso en que pueda ocurrir algo parecido, pero, sabrá entonces latir el corazón.....lo pensastes?....
Besos Salados....ya sabes....
Es un amor...grande, inmenso, para siempre...seguro se encontrarán en otra vida...
Este poema...lo siento dentro, un amor que no puede ser...vaya!!
Besos Sirena
Me quede como para adentro....muda y pensativa...hermoso...
Mariella
Este poema es quizá el reflejo real de una posibilidad de la vida, y duele...toca el corazón.
Habrá que dejar la costura de vez en cuando y vivir intensamente, gritar, amar la vida aunque sea por momentos, nutrirnos con esos instantes para guardar en nuestros ojos de ancianos una chispa de luz, de exquisita belleza de haber vivido aquel maravilloso beso, el infinito abrazo,habernos sentido en el latir del otro.
Sea melancólico, pero hermoso.
un abrazo hada, sirena guapa.
Este verso siempre provoca una profunda emoción en quien lo escucha, será porque es tan visual, uno parece ser un testigo silencioso de tan penosa historia de amor.
Un beso grande.
hermoso! y sobre todo Neruda, "me gustas cuando callas..."
Soy Tess y soy poco asidua a buscar blogs para leer,por falta de tiempo,pero hoy,dando un pequeño paseo por estos andurriales te vi,me llamo la atencion el titulo de tu blog y aqui estoy,llena de emociones despues de leer tan bella historia de amor.
al leerla me acorde de una cancion,tambien de un amor imposible y tambien de un cura,pero en la historia él no sabe del amor que ella le tiene...
me ha gustado mucho,desde hoy me tienes en tu rincon.
es tan lindo este poema, me hace llegar mucho, ahora que estoy enamorándome de un seminarista secretamente, pero antes de meterme con él prefiero morir...
Hermoso tu blog.. te sigo.. me quedo conociendo tus escritos.
Un abrazo
Saludos fraternos
Suerte para esta nueva semana que comienza.
Me recuerdas cuando recitabe este poema en la secundaria y mis ojos lloraban como queriendo barrer con la nostalgia que me invadía.
Abrazos.
Alicia
Una historia perfecta para montar el guión de una peli y enredar un poco más.
Saludos.
Hermoso blog y muy bellos todos los poemas. Ha sido muy interesante visitarte. El seminarista y No te salves los tengo grabados, son bellísimos los dos. Todo es hermoso en este sitio. Un abrazo.
Las cosas que me pasan sin siquiera buscarlo aparecen frente a mí sin darme cuenta... las cosas que yo siento y no comprendo y me siento como si naciera de adentro. Las cosas que yo vivo y no me doy cuenta... cuando hablo .. no hablo hablando conmigo... y si lo entiendo y lo que busco no encuentro... sin buscarlo va apareciendo. Siempre fue así ...me maravilla la vida y veo a la gente con ojos de niña ...y no entiendo lo que entiendo transformando en mi intento de ser yo y salir a su encuentro. El encuentro con el hombre que estará en mi vida y si vivo poco lo poco que yo viva lo viviré intensamente como una aventura porque eso quiero en el final de mi vida
te dejo un beso con mi prosa
Escuchando un rato a Jarre me quedo.
Que hermoso relato en forma de poesía...es de una especial espiritualidad, me gusta lo que dices y como lo dices...un beso muy grande de azpeitia
Publicar un comentario